«Vivir de la Tierra, Agricultura Climáticamente Inteligente» es una iniciativa de Ecoazul que cuenta con el financiamiento del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (FMAM) a través del Programa de Pequeñas Donaciones (PPD Venezuela). Uno de los objetivos de este proyecto propone el establecimiento de colmenas de abejas en las fincas familiares de la comunidad, como una manera de propiciar nuevo emprendimientos económicos manteniendo la importante riqueza de nuestros ecosistemas.

El conductor del grupo es el joven artesano de las abejas meliponas Ferney Jerez quien les adiestrará en la actividad de cría de las abejas sin aguijón, también conocidas como abejas nativas.

Aunque en Venezuela es apenas incipiente, el interés por las meliponas crece en el mundo entero y cada día más individuos y organizaciones se suman a su estudio y aprovechamiento.

La meliponicultura está muy vinculada a la conservación de la biodiversidad. Como sus parientes las abejas europeas, las meliponas son polinizadoras naturales de árboles y arbustos del bosque, así como de plantas cultivadas por el hombre. A pesar de los grandes beneficios que ellas traen consigo, las abejas se encuentran amenazadas debido a la destrucción de sus ambientes naturales y al uso desmesurado de químicos tóxicos.

Primera sesión de trabajo con el instructor Ferney Jerez

En el salón de reuniones de Ecoazul se dictó un taller para introducir a los aspirantes de El Paramito en la meliponicultura. El siguiente fin de semana Ferney condujo al grupo en un recorrido natural por la zona en la búsqueda de las valiosas meliponas.

Los participantes del proyecto tienen la oportunidad de recorrer la dulce ruta de la abeja nativa en la Aldea El Paramito, Municipio Andrés Bello del Estado Mérida en la zona andina venezolana.

Buscando panales de la abeja nativa en las distintas fincas de los participantes

Luego de consultar sobre la taxonomía de las abejas encontradas en la zona con varios especialistas y criadores de otros países fueron identificadas dos grupos distintos de abejas nativas de este bosque, las primeras del género Paratrigonas y las segundas Scaptotrigonas pectoralis. Ambos tipos con un gran potencial por su capacidad de producción de miel, de cera y de propóleo.

Para sorpresa de todos en la jornada aparecieron comunidades diversas de abejas, algo que sorprendió dada la altitud y el grado de intervención humana que ha tenido este ecosistema durante muchas décadas.

Identificando abejas capturadas

Estas abejas han habitado aquí en las Montañas Azules de Mérida durante millones de años y cumplen un rol fundamental en la conservación de su biodiversidad. Su trabajo hace que la vida en el bosque sea abundante y rica ya que son la clave para la polinización de la flora y por tanto, de la sustentabilidad de toda la fauna. Por no dejar de lado algo vital para los humanos y es el hecho que las abejas son consideradas como los polinizadores primarios de la mayoría de los cultivos agrícolas y de las plantas silvestres.

Pero eso no las hace sentir orgullosas. Todo lo contrario. Las abejas meliponas son tan humildes que hacen su trabajo sin necesidad de bombos y platillos. Poca gente en nuestro país sabe de ellas y del su rol que cumple en sus vidas. Tan simple como que sin abejas nadie podría alimentarse cada día. Rubros agrícolas como el café, las caraotas y lentejas, el limón y la naranja, los plátanos y cambures, por sólo mencionar unos pocos, necesitan que las abejas visiten sus flores para ser fecundadas. Así que cuando esté sentado en su mesa degustando sus alimentos dedique unos segundos para agradecer a estos diminutos y seres maravillosos insectos porque gracias a su laboriosidad podemos tener comida en nuestras mesas.

Los integrantes de este grupo de estudio han iniciado el camino convencidos de conocer más sobre las meliponas porque eso va a ayudar a preservar la biodiversidad de estas montañas y contribuir con el rescate de las especies nativas del bosque.

En Ecoazul creemos que sí es posible…