Si el Frontino se muestra todavía tenemos esperanza

El pasado fin semana uno de los amigos que nos ha acompañado en la defensa del bosque y de las nacientes de El Urumal estaba haciendo una caminata en la montaña. De pronto, un movimiento oscilante en la copa de los árboles llamó su atención. Se detuvo a observar. Cual no fue su sorpresa cuando un oso frontino se asomó entre el follaje. Se quedó inmóvil y un par de minutos después se aventuró a trepar para intentar unas fotos. Valía a pena el esfuerzo y así le creerían el cuento. Se colocó el teléfono en la boca y ayudado por las lianas y juncos que caían de un frondoso árbol comenzó a subir. Cuando alcanzó la altura del oso, éste se movió hacia él. Nuestro amigo -jadeando- se asustó y soltó el teléfono, el cual fue a dar al suelo. Afortunadamente, el sustrato acolchado lo recibió sin daños. Aguantó la respiración todo lo que pudo y se hizo el invisible. El temerario fotógrafo apostó a hacer de nuevo el camino de ida y vuelta y … he aquí las fotos.
Entre el cansancio y la emoción pudo hacerlas para compartirlas con nosotros.
El valor de estas imágenes radica no en su calidad técnica o artística, sino en su contenido. Y es que el oso no tuvo el instinto de huir del hombre. Siguió comiendo y mirando al visitante. Lo que significa que no se siente amenazado.
También implica que esa zona de bosque nublado del Municipio Andrés Bello del Estado Mérida, que estamos defendiendo, tiene una considerable población de osos frontinos, como hemos sostenido las organizaciones ambientalistas y ha sido tomada con incredulidad e indiferencia.
El encuentro de nuestro amigo con el oso se produjo muy cerca del lindero con el Parque Nacional Sierra de La Culata. Un área altamente amenazada en los últimos años por las actividades agrícolas y pecuarias.
Para finalizar, afirmo algo que probablemente saben y comparten: las casualidades no existen. Y algo que probablemente no saben y quisiera compartirlo: los indígenas llamaron al frontino «el hermano mayor», aquel que mira a la vida con sus inmensos ojos para cuidarlo todo a su alrededor.
Ese hermano mayor se muestra para decirnos que está allí en su bosque y que esa tarea ya no puede hacerla él sólo. Ahora somos nosotros quienes debemos preservar estas bellísimas montañas azules para las generaciones venideras.

Mauricio Martínez G.
Coordinador General de Ecoazul